¿Cómo enseñar a ahorrar a niñas y niños? 5 claves para empezar

Hablar de dinero con niñas y niños no tiene que ser complicado ni limitarse a una fecha especial del año. Las actividades cotidianas pueden convertirse en oportunidades para enseñarles a organizar sus recursos, tomar decisiones y comenzar a desarrollar hábitos financieros.

Desde administrar el dinero que reciben como domingo o mesada hasta planear la compra de un juguete, libro o bicicleta, existen diferentes maneras de introducir conceptos financieros de forma sencilla y acorde con su edad.

“La educación financiera puede iniciar en casa, con conversaciones sencillas y ejemplos cercanos. Cuando niñas y niños aprenden a ponerse metas y a guardar una parte de lo que reciben, comienzan a entender que el ahorro es una herramienta para tomar mejores decisiones”, explicó Jessica Mejía, directora ejecutiva de Legal y Cumplimiento en Afore SURA.

El ahorro también se aprende en la vida diaria

No se necesitan grandes cantidades de dinero para comenzar. Las familias pueden aprovechar situaciones habituales para hablar sobre ahorro, como comparar precios antes de realizar una compra, administrar la mesada o separar una parte del dinero recibido en cumpleaños u otras celebraciones.

También puede funcionar llevar un registro sencillo de cuánto han ahorrado y cuánto les falta para cumplir determinada meta.

Estas prácticas ayudan a relacionar el dinero con decisiones concretas y permiten explicar que ahorrar no significa dejar de disfrutar, sino aprender a utilizar los recursos con mayor intención.

El acompañamiento de madres, padres o tutores también es relevante para traducir los conceptos financieros en acciones que niñas y niños puedan comprender y aplicar según su edad.

Como parte de sus iniciativas de educación financiera, Afore SURA cuenta con un Centro de Ahorro para el Retiro en KidZania Cuicuilco, donde los menores pueden acercarse de manera práctica a conceptos relacionados con el ahorro.

5 claves para enseñar a ahorrar a niñas y niños

1. Comenzar con metas de corto plazo

Un buen punto de partida son los objetivos concretos y alcanzables.

Puede tratarse de comprar un juguete, un libro o algún artículo que quieran. La idea es ayudarlos a identificar cuánto cuesta, cuánto dinero pueden guardar periódicamente y cuánto tiempo necesitarán para conseguirlo.

Así pueden observar que pequeñas cantidades, acumuladas de manera constante, permiten alcanzar objetivos.

2. Pasar a objetivos de mediano plazo

Cuando el hábito comienza a consolidarse, puede ser momento de plantear metas que requieran más tiempo.

Una bicicleta, algún curso o un dispositivo pueden servir como ejemplos.

Madres, padres o tutores pueden ayudarles a dividir el objetivo en cantidades más pequeñas y revisar periódicamente cuánto han avanzado.

Este ejercicio también puede enseñarles a priorizar cuando quieren comprar varias cosas al mismo tiempo.

3. Explicar que también existen metas de largo plazo

Conforme niñas y niños crecen, también pueden comenzar a conocer la diferencia entre ahorrar para algo que quieren próximamente y construir recursos para objetivos que requieren varios años.

Continuar estudiando, prepararse para una profesión o contar con recursos para etapas futuras son algunos ejemplos.

En México existen instrumentos financieros que permiten iniciar un ahorro desde edades tempranas.

Uno de ellos es la Cuenta Afore Niños, que puede vincularse a la cuenta del padre, madre o tutor. Las familias pueden decidir el monto y la frecuencia de las aportaciones y dar seguimiento al ahorro a través de los estados de cuenta.

Cuando el menor alcanza la mayoría de edad, los recursos acumulados se integran a su Cuenta Individual.

4. Hacer del ahorro una costumbre

No todo depende de cuánto dinero se guarde.

Una de las enseñanzas más importantes puede ser la constancia.

Por ejemplo, en lugar de ahorrar únicamente “lo que sobre”, se puede establecer desde un principio que una pequeña parte del domingo, la mesada o algún regalo en efectivo se destinará a una meta específica.

Este ejercicio puede ayudar a que el ahorro forme parte de la administración habitual del dinero.

5. Hacer visible el avance

Ver cómo aumenta el ahorro puede servir como motivación.

Una libreta, una tabla, una gráfica sencilla o incluso un frasco transparente pueden ayudar a niñas y niños a observar cuánto llevan acumulado y cuánto les falta.

También puede ser una oportunidad para revisar juntos si la meta continúa siendo importante o si quieren modificarla.

“La educación financiera comienza con pequeñas decisiones cotidianas. Enseñar a niñas y niños a establecer metas de corto, mediano y largo plazo les permite comprender que ahorrar no significa únicamente dejar de gastar, sino aprender a planear, tomar decisiones y trabajar de manera constante para alcanzar aquello que se proponen”, agregó Jessica Mejía.

Ahorrar también es aprender a decidir

La educación financiera durante la infancia no consiste únicamente en explicar qué es el dinero.

También puede servir para enseñar conceptos como paciencia, planeación, prioridades y toma de decisiones.

Y no es necesario esperar a que niñas y niños reciban grandes cantidades de dinero para comenzar.

Una pequeña meta y un ahorro constante pueden convertirse en una primera lección para entender que administrar el dinero también se aprende.